
Paz, techo y vida digna. Queremos ganar el derecho de vivir en paz.
En este Primero de Mayo, ante la grave situación que padecemos en la que el fascismo y la guerra amenazan y agreden a cada vez a más pueblos, Izquierda Unida envía un mensaje claro a la clase trabajadora de todo el mundo: queremos ganar el derecho de vivir en paz en todas las casas, el derecho de vivir en paz para todos los pueblos. Dicho de otra manera, el derecho a una casa en paz, a una patria en paz y a un planeta en paz para la Humanidad, toda.
La paz es, en primer lugar, tener una casa, un hogar digno, sin miedo al fin de un contrato que debiera ser indefinido, como indefinida es la necesidad, sin miedo a un desahucio y sin miedo a no tener alternativa habitacional. Esto solo puede lograrse si la manera principal de acceder a la vivienda es a través de la intervención pública y que esta sea un bien de uso, distribuido democráticamente, y no un valor de cambio, usado especulativamente.
La paz es también trabajo digno y estable, trabajo con derechos, con desarrollo profesional y sentido social que provoque sentir honor y orgullo. Trabajo para vivir y no vivir para trabajar. Tenemos que volver a la carga, con más fuerza, en la calle y en el Parlamento, reducir la jornada laboral sin reducir salarios, que deben subir, como mínimo, al compás que suben los precios. La paz es más tiempo para disfrutar de la vida. La paz es una justicia ágil en el ámbito laboral para que los avances laborales conseguidos no queden en papel mojado, como en otras ocasiones. La paz también es no vivir bajo la amenaza y el miedo a la pérdida del trabajo. Debemos acabar con el despido libre y barato y luchar para que, en el caso de darse, si no hay alternativas, existan medidas que restauren el daño.
La paz es que las mujeres vivamos sin maltrato, sin acoso, sin agresiones y sin la amenaza constante de la violencia. La paz es la igualdad real que nos permite desarrollar todas nuestras capacidades, decidir sobre nuestros cuerpos y ejercer plenamente nuestros derechos. Reconocernos no como víctimas pasivas, sino como protagonistas indispensables: quienes sostienen, construyen y transforman la vida en comunidad. Sin nosotras, la paz no existe. La paz es la lucha contra la precarización de los sectores feminizados, como la lucha por una educación de 0 a 3 años, la del sector de los cuidados o las kellys.
La paz es que la juventud trabajadora crezca con libertad y esperanza sabiendo que su esfuerzo y su trabajo es la base de una vida adulta digna y no un calvario hacia un futuro incierto
La paz son servicios e infraestructuras públicas, fiables y seguras. Sanidad, educación, transporte público, pero también empresas públicas estratégicas que aseguren, sin más interés que el bienestar de la sociedad, la energía, el alimento, el crédito, las comunicaciones, los cuidados y la salud. No olvidamos la crisis de las mascarillas y los pelotazos en medio de la pandemia.
La paz es envejecer con dignidad, con pensiones y cuidados públicos y suficientes, sin tener que malvender tu casa a los mismos buitres que pretenden privatizarlos todo para afrontar los últimos años de tu vida. También para quienes padecen una discapacidad y para quienes necesitan atención a su diversidad.
La paz es un planeta sano y vivo en el que pongamos freno a la crisis climática. Es planificación y organización para prevenir los daños antes de las posibles catástrofes para que nunca más una DANA se lleve la vida de tantas y de tantos. Es descarbonizar, descontaminar, reducir, reciclar y reutilizar. Es combatir el despilfarro, el derroche y el desperdicio al que nos aboca el capitalismo.
La paz es la democracia y el respeto a las decisiones colectivas tomadas, sin bulos ni manipulaciones, sin ley del más fuerte y sin la imposición por la vía de la fuerza. El desarme frente a la carrera armamentística. Un sistema de seguridad humana y colectiva frente a la OTAN, herramienta de dominación del imperialismo yankee, y la salida del Ejército de EE. UU. de España y de Europa.
La paz es el respeto al derecho internacional incluso en tiempos de conflicto armado. Paz y soberanía para Palestina. Acabemos con 80 años de ocupación, apartheid y genocidio a manos del sionismo e imperialismo. Paz y soberanía para el pueblo saharaui. Acabemos con la ocupación marroquí. Exigimos al gobierno español que asuma sus responsabilidades como potencia administradora y trabaje por un referéndum de autodeterminación. Paz y soberanía para Irán. Acabemos con décadas de acoso imperialista, sanciones y bloqueos. Paz y soberanía para toda la América latina, digna. Paz y soberanía para Cuba, ¡basta ya de bloqueo y agresión criminal!, y para Venezuela, sometida al chantaje imperialista. Exigimos, también, la puesta en libertad de Nicolás Maduro y Cilia Flores, secuestrados por el Imperio.
La paz es la única garantía del resto de los derechos, frente a la guerra, que es la negación total de los mismos. La paz es el derecho síntesis. Es erradicar la opresión, la violencia y el odio misógino. Afirmar con fuerza y sin retrocesos la justicia, la dignidad y la libertad de las mujeres. Esa es la paz.
Todo lo contrario a esto, bien lo sabe nuestro pueblo, es guerra. Violencia desde arriba que genera violencia por todos lados. Pobreza es violencia. Hacinamiento es violencia. Explotación es violencia. Desigualdad es violencia. Es violencia la guerra del fascismo internacional, su guerra contra los progresos de la humanidad, su barbarie, la guerra por todos los medios de una minoría erigida por la fuerza contra la mayoría
En estos momentos vemos como las guerras desatadas por el imperialismo, lejos de cesar, continúan y no paran de multiplicarse, en una escalada cada vez más peligrosa e imprudente que solo pretende sostener la dominación de EE.UU. y de los países alineados con su estrategia sobre el resto de la Humanidad. De Sudán a Ucrania cae un telón de destrucción, de barbarie y de muerte. A otra escala y por otros medios, el capital impulsa la misma guerra contra los trabajadores y las trabajadoras del centro imperialista, pretendiendo embaucarnos en su carrera suicida, pretendiendo que asumamos sacrificios. Aquellos que promueven y apoyan estas guerras son los mismos que pretenden sostener sus privilegios sobre la explotación y la dominación de la mayoría. Sus partidos, sus medios de propaganda y agitación, sus jueces, los rentistas, los fondos, los bancos, la patronal.
La guerra también son las divisiones internas, provocadas por diferencias tácticas, que hacen que se pasen por alto las tareas políticas que inexcusablemente impone el presente: el avance del fascismo, del militarismo y de la guerra, la destrucción de lo público, el ataque a la democracia y a la ciencia, a los derechos de las mujeres, de las personas racializadas, a la diversidad sexo-afectiva.
Sin embargo, los sectores más conscientes de la clase trabajadora y de las masas populares de nuestro país, con las luchas sociales de las últimas décadas y con la capacidad de articular frentes políticos de unidad han conquistado una posición de poder, que está permitiendo que nuestro país se venga situando en el lado correcto de la historia y que el BOE se tiña de rojo, menos de lo que necesitamos y queremos, pero más que nunca en la etapa democrática. Lo ha hecho a pesar de todos los esfuerzos de la reacción para impedirlo, del “atado y bien atado” y de “el que pueda hacer que haga”, de las divisiones, sectarismo y egos, venciendo las dudas. A pesar de los temores, de las hipotecas y de los frenos aportados por el PSOE cuando de avanzar se trata, como sucedió con la reforma laboral, con las primeras subidas del salario mínimo o en los primeros momentos ante el genocidio en Gaza.
Vamos a seguir avanzando ante este estado de cosas, vamos a luchar con todos los medios a nuestro alcance, se ponga delante lo que se ponga, para garantizar esta paz, esta paz total que permita vivir con dignidad y que llamamos socialismo, y convocamos a esta lucha a toda la gente que la quiera.
¡Viva el Primero de Mayo!
¡Viva la lucha de la clase trabajadora!
¡Viva la solidaridad internacionalista!
¡Por el socialismo, único camino hacia la paz y la justicia social!
1º de maio
Paz, teito e vida digna. Queremos gañar o dereito a vivir en paz.
Neste Primeiro de Maio, ante a grave situación que padecemos na que o fascismo e a guerra ameazan e agriden a cada vez a máis pobos, Esquerda Unida envía unha mensaxe clara á clase traballadora de todo o mundo: queremos gañar o dereito de vivir en paz en todas as casas, o dereito de vivir en paz para todos os pobos. Dito doutro xeito, o dereito a unha casa en paz, a unha patria en paz e a un planeta en paz para a Humanidade, toda.
A paz é, en primeiro lugar, ter unha casa, un fogar digno, sen medo ao fin dun contrato que debe ser indefinido, como indefinida é a necesidade, sen medo a un desafiuzamento e sen medo a non ter alternativa habitacional. Isto só pode lograrse se o xeito principal de acceder á vivenda é a través da intervención pública e que esta sexa un ben de uso, distribuído democráticamente, e non un valor de cambio, usado especulativamente.
A paz é tamén traballo digno e estable, traballo con dereitos, con desenvolvemento profesional e sentido social que provoque sentir honra e orgullo. Traballo para vivir e non vivir para traballar. Temos que volver á carga, con máis forza, na rúa e no Parlamento, reducir a xornada laboral sen reducir salarios, que deben subir, como mínimo, ao compás que soben os prezos. A paz é máis tempo para gozar da vida. A paz é unha xustiza áxil no ámbito laboral para que os avances laborais conseguidos non queden en papel mollado, como noutras ocasións. A paz tamén é non vivir baixo a ameaza e o medo á perda do traballo. Debemos acabar co despedimento libre e barato e loitar para que, no caso de darse, se non hai alternativas, existan medidas que restauren o dano.
A paz é que as mulleres vivamos sen malos tratos, sen acoso, sen agresións e sen a ameaza constante da violencia. A paz é a igualdade real que nos permite desenvolver todas as nosas capacidades, decidir sobre os nosos corpos e exercer plenamente os nosos dereitos. Recoñecernos non como vítimas pasivas, senón como protagonistas indispensables: quen sostén, constrúe e transforman a vida en comunidade. Sen nós, a paz non existe. A paz é a loita contra a precarización dos sectores feminizados, como a loita por unha educación de 0 a 3 anos, a do sector dos coidados ou as kellys.
A paz é que a mocidade traballadora creza con liberdade e esperanza sabendo que o seu esforzo e o seu traballo é a base dunha vida adulta digna e non un calvario cara a un futuro incerto.
A paz son servizos e infraestruturas públicas, fiables e seguras. Sanidade, educación, transporte público, pero tamén empresas públicas estratéxicas que aseguren, sen máis interese que o benestar da sociedade, a enerxía, o alimento, o crédito, as comunicacións, os coidados e a saúde. Non esquecemos a crise das máscaras e os pelotazos no medio da pandemia.
A paz é envellecer con dignidade, con pensións e coidados públicos e suficientes, sen ter que malvender a túa casa aos mesmos voitres que pretenden privatizalo todo para afrontar os últimos anos da túa vida. Tamén para quen padece unha discapacidade e para quen necesita atención á súa diversidade.
A paz é un planeta san e vivo no que poñamos freo á crise climática. É planificación e organización para previr os danos antes das posibles catástrofes para que nunca máis unha DANA se leve a vida de tantas e de tantos. É descarbonizar, descontaminar, reducir, reciclar e reutilizar. É combater o malgasto, o desproveito e o desperdicio ao que nos aboca o capitalismo.
A paz é a democracia e o respecto ás decisións colectivas tomadas, sen contos nin manipulacións, sen lei do máis forte e sen a imposición pola vía da forza. O desarmamento fronte á carreira armamentística. Un sistema de seguridade humana e colectiva fronte á OTAN, ferramenta de dominación do imperialismo ianqui, e a saída do Exército de EEUU de España e de Europa.
A paz é o respecto ao dereito internacional mesmo en tempos de conflito armado. Paz e soberanía para Palestina. Acabemos con 80 anos de ocupación, apartheid e xenocidio a mans do sionismo e o imperialismo. Paz e soberanía para o pobo saharauí. Acabemos coa ocupación marroquí. Esiximos ao Goberno español que asuma as súas responsabilidades como potencia administradora e traballe por un referendo de autodeterminación. Paz e soberanía para Irán. Acabemos con décadas de acoso imperialista, sancións e bloqueos. Paz e soberanía para toda a América latina, digna. Paz e soberanía para Cuba, xa abonda de bloqueo e agresión criminal!, e para Venezuela, sometida á chantaxe imperialista. Esiximos, tamén, a posta en liberdade de Nicolás Maduro e Cilia Flores, secuestrados polo Imperio.
A paz é a única garantía do resto dos dereitos, fronte á guerra, que é a negación total dos mesmos. A paz é o dereito síntese. É erradicar a opresión, a violencia e o odio misóxino. Afirmar con forza e sen retrocesos a xustiza, a dignidade e a liberdade das mulleres. Esa é a paz.
Todo o contrario a isto, ben o sabe o noso pobo, é guerra. Violencia desde arriba que xera violencia por todos lados. Pobreza é violencia. Aglomeración é violencia. Explotación é violencia. Desigualdade é violencia. É violencia a guerra do fascismo internacional, a súa guerra contra os progresos da humanidade, a súa barbarie, a guerra por todos os medios dunha minoría erixida pola forza contra a maioría.
Nestes momentos vemos como as guerras desatadas polo imperialismo, lonxe de cesar, continúan e non paran de multiplicarse, nunha escalada cada vez máis perigosa e imprudente que só pretende soster a dominación de EE.UU. e dos países aliñados coa súa estratexia sobre o resto da Humanidade. De Sudán a Ucraína cae un pano de destrución, de barbarie e de morte. A outra escala e por outros medios, o capital impulsa a mesma guerra contra os traballadores e as traballadoras do centro imperialista, pretendendo embaucarnos na súa carreira suicida, pretendendo que asumamos sacrificios. Aqueles que promoven e apoian estas guerras son os mesmos que pretenden soster os seus privilexios sobre a explotación e a dominación da maioría. Os seus partidos, os seus medios de propaganda e axitación, os seus xuíces, os rentistas, os fondos, os bancos, a patronal.
A guerra tamén son as divisións internas, provocadas por diferenzas tácticas, que fan que se pasen por alto as tarefas políticas que inescusablemente impón o presente: o avance do fascismo, do militarismo e da guerra, a destrución do público, o ataque á democracia e á ciencia, aos dereitos das mulleres, das persoas racializadas, á diversidade sexo-afectiva.
Con todo, os sectores máis conscientes da clase traballadora e das masas populares do noso país, coas loitas sociais das últimas décadas e coa capacidade de articular frontes políticas de unidade conquistaron unha posición de poder, que está a permitir que o noso país se veña situando no lado correcto da historia e que o BOE tíngase de vermello, menos do que necesitamos e queremos, pero máis que nunca na etapa democrática. Fíxoo a pesar de todos os esforzos da reacción para impedilo, do “atado e ben atado” e de “o que poida facer que faga”, das divisións, sectarismo e egos, vencendo as dúbidas. A pesar dos temores, das hipotecas e dos freos achegados polo PSOE cando de avanzar trátase, como sucedeu coa reforma laboral, coas primeiras subidas do salario mínimo ou nos primeiros momentos ante o xenocidio en Gaza.
Imos seguir avanzando ante este estado de cousas, imos loitar con todos os medios ao noso alcance, póñase diante o que se poña, para garantir esta paz, esta paz total que permita vivir con dignidade e que chamamos socialismo, e convocamos a esta loita a toda a xente que a queira.
Viva o Primeiro de Maio!
Viva a loita da clase traballadora!
Viva a solidariedade internacionalista!
Polo socialismo, único camiño cara á paz e a xustiza social!



