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Enrique Santiago tacha en el Congreso de “show patriotero” las iniciativas de la derecha sobre Gibraltar y les pide que no “sobreactúen”

El portavoz adjunto de Unidas Podemos y portavoz parlamentario de Izquierda Unida asegura en la Diputación Permanente que “300 años sin avanzar en la cuestión de la soberanía da para otras estrategias” y valora que la reunión de la ministra de Exteriores con el ministro principal de la colonia “no supone ninguna renuncia a la soberanía”

El portavoz adjunto de Unidas Podemos y portavoz parlamentario de Izquierda Unida en el Congreso, Enrique Santiago, ha tachado hoy de “show patriotero” la petición de comparecencia de la ministra de Asuntos Exteriores y de Cooperación, Arancha González Laya, realizada por la derecha por la reciente reunión que mantuvo en Algeciras con el ministro principal de Gibraltar, Fabián Picardo. En su opinión, “300 años sin avanzar en la cuestión de la soberanía da para otras estrategias” y reunirse con Picardo “no supone ninguna renuncia a la soberanía, díganme una norma del Derecho internacional que establezca eso, no existe”.

Santiago hizo esta valoración durante su intervención en la Diputación Permanente de la Cámara Baja, que rechazó la petición debatida. Reclamó a los grupos de la derecha que “no insistan en hacer política con Gibraltar porque es absolutamente ineficaz. El encuentro con el ministro principal no significa renuncia a nada”, al tiempo que les advirtió de que, lejos de afectar a la reclamación sobre la soberanía, “es la forma de erosionar el control del Reino Unido sobre Gibraltar y facilitar el acercamiento a las autoridades del Peñón; hacernos imprescindibles en Gibraltar que es la política más inteligente que debería tener España”.

El parlamentario de Unidas Podemos hizo una exposición didáctica para echar abajo las tesis de sus interlocutores. Recordó que “Naciones Unidas ha señalado que el principio aplicable a la descolonización de Gibraltar es el de restitución de la integridad territorial española. Por tanto, la pertinencia de la reclamación de la soberanía española está fuera de dudas, y eso no lo cambia ninguna foto ni ninguna reunión en ningún momento”.

Indicó que es un territorio “que votó masivamente contra el Brexit y que está sumamente preocupado por las consecuencias de éste. La política de presión a los habitantes de Gibraltar no ha dado ningún resultado nunca. A mayor presión, más incremento del sentimiento nacional en Gibraltar y de la visión de España como un peligro”.

De la misma forma, alertó de que “las presiones acaban siendo pagadas por los miles de trabajadores de la comarca del Campo de Gibraltar que trabajan en la colonia”, una zona especialmente castigada “con una tasa de paro que está cinco puntos por encima de la media andaluza. De las 15.000 personas que diariamente entran a Gibraltar a trabajar, 9.700 son españolas, y representan el 15% de los trabajadores afiliados a la Seguridad Social en la comarca. Las exportaciones andaluzas a Gibraltar en 2018 ascendieron a más 1.000 millones de euros, el 25 % del PIB del Campo de Gibraltar”.

“La soberanía sobre Gibraltar -dijo- no se ha recuperado en 300 años de discursos incendiarios. Gibraltar es algo más complejo que el precio que los Borbones pagaron por su trono. Es una tierra hecha de ingleses, genoveses, españoles, malteses, judíos y marroquíes. Los árabes la tomaron en el 711 y estuvieron hasta 1462. Es decir, ha sido más tiempo islámica que católica, y británica que española. Son datos objetivos”.

Enrique Santiago solicitó a PP, Vox y Ciudadanos “no sobreactuar en cuestiones de soberanía” mientras “miran a otro lado ante las condiciones de Maastricht, las bombas de Palomares o las bases de Rota y Morón. Ahí seguimos para gritar ‘¡Gibraltar español! en vez de usar la cabeza para pensar, que es lo que tenemos que hacer”.

Recordó también que “hubo oportunidad para una vecindad normalizada en los años 30”, pero que “se frustró por la verja del franquismo”, y afeó también al grupo de Pablo Casado que en el Campo de Gibraltar llamen ‘política de bandera’ a la iniciada por el que fuera ministro de Exterior del PP Margallo “que dejó sin efecto el Acuerdo de Córdoba de 2006 y cerró la sede del Instituto Cervantes abierta por Zapatero, la única sede oficial española donde ondeaba la rojigualda”. “Brillante medida del PP, recalcó”.

“No den bofetadas a los gibraltareños en la boca de los trabajadores españoles, especialmente de los habitantes de La Línea, una de las poblaciones más pobres y excluidas de España, también por su fracasada política”, les exigió.

Enrique Santiago soltó otra andanada de datos objetivos cuando apuntó que “son el tiempo y la economía los factores que nos alejan de la soberanía: los 30.000 residentes en Gibraltar tienen una renta per cápita de 60.000 euros y una tasa de paro que se acerca a cero. Mientras la comarca del Campo de Gibraltar, con 300.000 habitantes, tiene una renta per cápita de 16.000 euros y una tasa de paro del 30%”.

“Pero es que lo dijo su ministro -apostilló-, lo dijo literal el ministro Alfonso Dastis, del PP, en 2017: ‘Uno puede comprender a Gibraltar. Mire al otro lado de la verja. ¿Cree que quieren ser como esa otra gente?’ Evidentemente no”.

El portavoz parlamentario de Izquierda Unida en el Congreso reprochó a la derecha que fortalezca con sus estrategias precisamente “la posición del Reino Unido como único interlocutor, la parte del contencioso que menos interés tiene en que se alcance un acuerdo de normalización porque hace peligrar su principal interés: la base naval en las puerta del Estrecho”.

Santiago no dudó en ofrecer “un pacto sobre Gibraltar a todos los grupos de la derecha. Una nueva política de acercamiento que concrete las promesas de desarrollo industrial que se hacen al campo de Gibraltar desde los años setenta”.

“Pongamos en marcha el corredor Mediterráneo -concretó- que saque del subdesarrollo ferroviario a Algeciras, el primer puerto español en mercancías. Construyamos la zona especial de desarrollo mil veces prometida y agradezcamos a las autoridades gibraltareñas el trato exquisito dado a los 14.000 trabajadores transfronterizos durante el estado de alarma: reserva puesto de trabajo, abono del salario mínimo británico de 1.200 libras y prohibición de despido. Así propiciaremos con inteligencia el acercamiento de España al pueblo de Gibraltar”.

Enrique Santiago opinó que se debe asumir “la singularidad histórica, política y social de Gibraltar” para pegarse así “a la realidad”, lo que no significa “aceptar ninguna soberanía británica”. “Hagamos lo posible para que los gibraltareños vean una opción atractiva vincularse a España”, concluyó.

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