
Izquierda Unida saluda la victoria de Luiz Inácio Lula da Silva y reconoce el papel decisivo del pueblo brasileño en la defensa de la democracia, los derechos sociales y las conquistas de las mayorías trabajadoras. Esta victoria tiene un significado que trasciende las fronteras de Brasil: demuestra la importancia de la participación popular frente a quienes pretenden imponer proyectos autoritarios y recortar derechos conquistados durante décadas de lucha.
El pueblo brasileño ha demostrado que la democracia se defiende ejerciéndola, participando y ocupando el espacio público para defender aquello que pertenece a la mayoría. Frente al avance de la extrema derecha, la respuesta popular resulta determinante. Cuando la gente se organiza, pierde el miedo y sale a defender sus derechos, el fascismo encuentra un pueblo dispuesto a plantarle cara.
La derecha y la extrema derecha buscan convertir el descontento social en una herramienta para enfrentar a los sectores populares entre sí. Alimentan el racismo, el machismo, el odio y la desinformación mientras cuestionan derechos laborales, debilitan los servicios públicos y protegen los intereses de quienes concentran la riqueza y el poder. Su proyecto necesita una sociedad dividida y una ciudadanía desmovilizada. La respuesta democrática pasa por construir precisamente lo contrario: organización desde abajo, solidaridad entre quienes comparten intereses y unidad política y social para defender las condiciones de vida de la mayoría.
La experiencia brasileña reafirma una convicción fundamental de Izquierda Unida: los derechos sociales y las libertades democráticas avanzan cuando la ciudadanía se convierte en protagonista de su propio futuro. Las elecciones son una herramienta esencial, pero la transformación social necesita también sindicatos fuertes, movimientos feministas, organizaciones vecinales, colectivos antirracistas y una sociedad civil activa. La movilización permite conquistar derechos, defenderlos frente a los ataques y exigir que la voluntad popular se traduzca en políticas concretas.
La victoria de Lula debe suponer una etapa de profundización en los avances para las trabajadoras y los trabajadores de Brasil, con medidas eficaces contra la pobreza, la precariedad y la desigualdad, con servicios públicos que garanticen una vida digna y con una política orientada a proteger los intereses populares. La esperanza que nace de una victoria democrática necesita materializarse en mejoras reales para quienes más sufren las injusticias económicas y sociales.
Desde Izquierda Unida expresamos nuestra solidaridad con el pueblo brasileño y con las fuerzas políticas, sindicales y sociales que han contribuido a defender la democracia y los derechos de las mayorías. Compartimos con ellas la defensa de la justicia social, la igualdad, la paz y la soberanía de los pueblos frente a cualquier intento de imponerles un futuro contrario a sus intereses.
Lo ocurrido en Brasil deja una enseñanza para todos los pueblos: la extrema derecha puede ser frenada cuando existe una mayoría social dispuesta a movilizarse, cuando las fuerzas progresistas saben construir unidad y cuando la defensa de la democracia se vincula a las necesidades cotidianas de la gente. La respuesta al autoritarismo se construye en los barrios, en los centros de trabajo, en las calles y en todos los espacios donde la ciudadanía se organiza para defender sus derechos.
La democracia se defiende con participación y justicia social. Al fascismo se le frena con unidad, organización y movilización popular. Cuando el pueblo lucha por sus derechos, puede cambiar el rumbo de la historia.



