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Sira Rego: «Desde Canarias a Grecia, la única política común de asilo de la UE es el bloqueo»

Crónica de la misión a la frontera grecoturca de Sira Rego, eurodiputada y portavoz federal de Izquierda Unida, entre los días 8 y 12 de julio de 2021 junto con Cornelia Ernst y Kostas Arvanitis, miembros del grupo parlamentario de La Izquierda y de la Comisión de Libertades Civiles, Justicia y Asuntos de Interior en el Parlamento Europeo.

La semana pasada, una delegación del grupo parlamentario de «La Izquierda» en la Eurocámara estuvimos en Grecia visitando algunos campos de detención de personas migrantes y refugiadas. Nos interesaba, sobre todo, la situación en la frontera grecoturca, donde el paso del Evros se ha convertido en un lugar letal para quienes quieren llegar a Europa. Las violaciones de los derechos humanos se producen a diario.

La Policía griega, con la colaboración de Frontex, practica devoluciones en caliente a Turquía. Mientras, en la frontera entre Bulgaria y Grecia, sucede lo mismo. Las palizas, la desaparición de personas y la ausencia del Estado de Derecho son la pauta. Según Acnur, al menos 14 personas han muerto este año intentando cruzar el Evros.

La Grecia de Mitsotakis ha suspendido de facto la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Convención de Ginebra con la complicidad de la Comisión Europea y Frontex, su cuerpo de guardias de fronteras y costas armado.


Día 1 – Campamento de Ritsona

Desde Atenas nos desplazamos 80 kilómetros al norte hacia el campo de detención de Ritsona. Es un centro creado a finales de 2015. En un principio estaba concebido como una instalación temporal, con carpas, donde acoger a las personas migrantes y refugiadas que llegaban de las islas.

Hoy vemos que la temporalidad, clave en todo proceso de acogida digno, no existe. Se ha creado un poblado con casetas de obra y alojamientos de cemento donde hay gente que lleva dos años esperando una respuesta por su solicitud de asilo.

Las autoridades griegas han levantado recientemente un muro de cemento de tres metros, por lo que la lejanía con cualquier población cercana hace que, en el fondo, este campo sea una cárcel. 

 
 

     


    Día 2 – Centro de Filakio

    De Atenas viajamos a Alejandrópolis. A 132 kilómetros de allí se encuentra el centro de detención de Filakio, muy cercano al río Evros y paso de personas migrantes y refugiadas desde Turquía. Este centro está concebido como un sitio temporal donde acoger a las personas que cruzan la frontera y determinar su origen y procedencia. Lo que nos encontramos es un campamento repartido en diversos módulos cerrados con candado, donde jóvenes y familias viven entre concertinas bajo una temperatura de 40 grados. Las personas están encerradas, no pueden salir y esperan largos periodos de tiempo a que Grecia determine su proceso de asilo. 

    A su lado, una antigua cárcel hace de centro para la expulsión de personas. Encerrados entre barrotes, cientos de personas esperan a que el Gobierno de Mitsotakis los deporte. 


      Día 3 – Centro de detención Kleidi

      El campo de detención Kleidi encierra a unas cinco mil personas en un valle donde las condiciones climáticas son extremas. Se encuentra a una media hora al norte de Seres, territorio colindante con Bulgaria, y está custodiado por agentes de seguridad de una empresa privada.

      Rodeado de vallas de tres metros coronadas con concertinas, también se encuentra dividido en módulos. Los alojamientos son contenedores azules de barco, donados por Austria a Grecia para la gestión migratoria. El resultado es un almacén de contenedores como el que podemos ver en cualquier puerto.

      Las pocas personas con las que pudimos hablar – muchos tenían miedo por las represalias de los gestores del centro- llevaban más de año y medio esperando una respuesta a su solicitud de asilo. 


        Día 4 – Centro Diavata

        A las afueras de Tesalónica se encuentra el campo Diavata. Es uno de esos centros «amables», donde la atención médica o la escolarización de los más pequeños son importantes. El esfuerzo de las organizaciones por dignificar el proceso de acogida y proteger a las personas vulnerables es un ejemplo. Pero, en cualquier caso, se cronifica la ausencia de derechos, al no fomentar el acceso de las personas allí alojadas a la vida real.

        Aquí vemos que los macrocampamentos no son la solución. Europa debe tener centros dignos de acogida de personas migrantes y refugiadas. Pero la temporalidad es clave. El sistema de asilo debe funcionar para que todo el que llegue a Europa pueda incorporarse a la sociedad en las mejores condiciones y con la mayor rapidez posible. Si no, estaremos creando limbos y sociedades paralelas, zonas de exclusión de quienes tenemos la obligación internacional de defender.

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